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De repente, dos agujeros podrían convertirse en cuatro.
Y una vez que tu mente empieza a pensar en eso, es casi imposible detenerla. ¿Qué pasa con la abertura en la parte superior de la falda, por donde entras? ¿Eso cuenta como un agujero? ¿Y qué pasa con la abertura en el dobladillo inferior, por donde salen tus piernas?
Si contamos esos, ahora serían seis.
Y un momento… ¿hay pequeñas aberturas con cordón cerca de la cintura? Algunos espectadores dicen que sí. Si se incluyen esas aberturas, la cifra aumenta aún más.
Esto es lo que hace que el rompecabezas sea tan efectivo. Comienza como una simple prueba de observación y poco a poco se transforma en un auténtico ejercicio de lógica. La imagen no cambia; lo que cambia es tu percepción de ella.
Por qué los rompecabezas visuales como este son tan buenos para la mente.
Existe una razón por la que las personas de 60, 70 años o más tienden a disfrutar de un buen acertijo más que casi cualquier otro grupo de edad.
La experiencia vital te da una perspectiva diferente. Has visto lo suficiente del mundo como para saber que la respuesta obvia no siempre es la correcta, y has aprendido a valorar la importancia de tomarse las cosas con calma y reflexionar bien antes de llegar a una conclusión.