La noche de mi boda me escondí bajo la cama para sorprender a mi esposo, pero escuché a mi suegra decir “mañana la hacemos parecer loca”; saqué mi celular sin hacer ruido y grabé todo, sin imaginar que el relicario de mi abuela escondía otra traición. “Antes de que salga el sol, Valeria va a quedar como una loca… y esa casa de San Ángel será nuestra.” Escuché esa frase desde abajo de la cama matrimonial, con el vestido de novia aplastado contra el piso y el velo atorado en una tabla. … Ver más

La pieza que faltaba era yo.

Pero todavía había una pregunta.

¿Martín me había conocido por casualidad o no?

La respuesta llegó tres días después.

Daniel encontró un correo antiguo dentro de una documentación empresarial que obtuvimos legalmente durante la investigación.

Había sido enviado por Victoria a Martín casi tres años antes.

Varios meses antes de conocernos.

Incluía mi nombre.

Mi empresa.

Y una referencia al terreno.

“Esta es la hija de Roberto Salcedo. Tenemos contactos comunes. Averigua si estaría interesada en participar en proyectos.”

No decía:

“Sedúcela.”

No decía:

“Cásate con ella.”

Pero probaba que Martín sabía quién era yo antes de aquella cena donde fingió conocerme por casualidad.

Lo llamé.

—Necesito verte.

—Claudia, llevo tres días intentando hablar contigo.

—Mañana. En la oficina de Daniel.

—¿Por qué allí?

—Porque no quiero estar sola contigo.

Se quedó callado.

—¿Qué sabes?

—Mañana.

Llegó temprano.

Sin Victoria.

Parecía destruido.

Yo no llevaba mi alianza.

Se dio cuenta.

—Claudia…

Coloqué el correo sobre la mesa.

—Empieza por aquí.

Lo leyó.

Cerró los ojos.

—Puedo explicarlo.

—Eso espero.

Martín confesó.

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