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Según el NIDDK, algunas medidas clave incluyen controlar la presión arterial, tratar la diabetes si existe, vigilar la eGFR y la albúmina urinaria, ajustar la alimentación y usar los medicamentos indicados por el médico.
Además, reducir el exceso de sodio suele ser muy importante. Para muchos adultos se recomienda no pasar de 2,300 mg al día, aunque algunas personas con enfermedad renal necesitan límites más personalizados.
Medidas prácticas que sí suman
Revisar la presión arterial con regularidad.
Mantener la glucosa en el rango acordado si hay diabetes.
Disminuir ultraprocesados y alimentos muy salados.
No usar suplementos o productos “detox” sin revisarlos con un profesional.
Dar seguimiento a eGFR y albúmina urinaria, no solo a la creatinina.
Consultar a un nutriólogo o dietista con experiencia en enfermedad renal, si es posible.
Suena menos espectacular que una “fruta milagrosa”, pero tiene mucha más utilidad clínica.
Una creatinina que cambia no siempre significa que el riñón se regeneró
Este punto merece atención porque muchas personas interpretan una variación pequeña como si fuera una gran recuperación. La realidad es más compleja.
La creatinina puede fluctuar por hidratación, dieta, ejercicio, medicamentos y cambios en el estado general. Y como la eGFR se calcula a partir de esa cifra, también puede variar aunque no exista una mejoría real del riñón.